Gente y TV, Sociedad|21 abril, 2012 4:33

Brasil moldea a la futurible mayor fortuna del mundo

Eike Batista Fuhrken, de 56 años, asegura que heredó la autoestima y la disciplina de su alemana madre. No dice qué atributos heredó de su padre, el ingeniero brasileño Eliezer Batista, ministro de Minas y Energía en el Gobierno de João Goulart en los años sesenta, pero sí ha subrayado que este, lejos de ayudarle, supuso un problema para su carrera. Sin embargo, el empresario multifacético más rico de Brasil y de América del Sur, el hombre hecho a sí mismo que, según la revista Forbes, atesora la séptima fortuna del mundo –le atribuyen 22.847 millones de euros; él, en cambio, cree merecer el tercer puesto de ese ranking– es típicamente brasileño en su vida afectiva, en la fuerza de su simpatía natural y en su genialidad creativa en los negocios.

Fuera de Brasil, Batista es considerado una estrella de las finanzas gracias al grupo que preside, EBX, formado por cinco compañías diversificadas en logística, construcción, energía, minería, industria naval, entretenimiento y, sobre todo, gas y petróleo. Un negocio, este último, que a través de OGX, la compañía de exploración que fundó en 2007, le ha generado en muy poco tiempo dos tercios de su fortuna. Algunos indicadores apuntan que podría arrebatarle el primer puesto de la lista de milmillonarios al mexicano Carlos Slim en un futuro no muy lejano. El magnate brasileño es más concreto: ocurrirá dentro de “tres o cuatro años”. A partir de 2015 prevé ganar anualmente más de 7.600 millones de euros.

Dentro de su propio país, en cambio, Batista es visto como el magnate seductor, aventurero y campeón mundial de deportes náuticos que decora el salón de su casa con un Mercedes McLaren y que se casó con la dueña del “cuerpo más impresionante” de Brasil, la exmodelo Luma de Oliveira. Una reina del carnaval que empezó a desfilar con 16 años y que ha sido fotografiada por Playboy en cinco ocasiones. Batista se enamoró perdidamente de ella cuando acababa de casarse por la Iglesia en 1990 con Patricia Leal, a quien dejó plantada una semana antes de la boda civil (más tarde, en un giro propio de una telenovela, Leal se casaría con el exnovio de Oliveira).

La Iglesia de Roma fue generosa con el millonario y a los seis meses la Sagrada Rota le concedió la anulación de su matrimonio. Para entonces, Luma de Oliveira ya estaba embarazada. Tuvieron dos hijos: Thor, de 20 años, hoy envuelto en un proceso judicial tras haber atropellado con su Mercedes de 340.000 euros a un auxiliar de camionero de 30 años que iba en bicicleta, y Olin, de 16.

En 2004, después de 22 años de matrimonio que dieron al millonario la publicidad que ni sus grandes negocios le ofrecían, ambos se separaron de mutuo acuerdo. La noticia conmocionó a la nación.

Oliveira, fiel a su estilo, rompió el pacto que tenía con Batista de que no volvería a exhibirse semidesnuda en las escuelas de samba de Río. Aún casada con el millonario, volvió al Sambódromo y desfiló llevando al cuello una correa de perro con el apellido de su marido grabado. Un símbolo que sugería que ella aún le pertenecía y que fue repudiado por los feministas.

Con 40 años, Oliveira volvió a posar para Playboy y la prensa la comparó con una joven de 20 años. En 2005 demandó a The Independent después de que el diario de Londres usara una fotografía de ella bailando samba para ilustrar una información sobre unos políticos alemanes que habían alternado con prostitutas en un carnaval. Dos días más tarde, el periódico reconocía el error y publicaba una disculpa.

Pese a estar desprovisto del glamour de Oliveira, Batista no ha dejado nunca de multiplicar su patrimonio. Un talento que ya desarrolló en su juventud. En su adolescencia, su familia vivió en Ginebra, Düsseldorf y Bruselas por motivos profesionales. Con 18 años, Eike ya se desenvolvía bien en alemán, inglés, francés y español. Mientras estudiaba ingeniería, se dedicó a la venta de pólizas de seguros de puerta en puerta para costear sus gastos, hasta que su dominio de idiomas le permitió ejercer de intermediario entre mineros de la Amazonia e importadores de diamantes de Amberes. Dejó la universidad en el segundo curso. A los 21 años montó una empresa de compra y venta de oro con un logotipo, un sol inca, que le acompañaría en su trayectoria para siempre. En solo 18 meses amasó una fortuna de seis millones de dólares. Compró la primera de las ocho minas que posee.

Se dice de Batista que fue el inspirador de los llamados nuevos jóvenes millonarios brasileños, que hoy se calcula que florecen a un ritmo de 20 por día. Según él, ha nacido en su país “un nuevo capitalismo que no se avergüenza de mostrar el dinero que tiene”. Además, afirma de sí mismo: “No quiero ser aplaudido como el empresario más rico de Brasil, sino también como el más generoso”. En línea con sus colegas estadounidenses, ha donado desde 2006 más de 190 millones de euros a proyectos para el desarrollo social, la diversidad cultural y el equilibrio del medio ambiente. Amén del apoyo financiero a la candidatura olímpica (ganadora) de Río de Janeiro 2016. En dos años, cuando tenga liquidez, dice, está decidido “a cambiar su país”.

La última relación de Batista es una mujer de perfil opuesto al de Oliveira: la abogada brasileña Flavia Sampaio, socia de una famosa firma de Río, involucrada en obras sociales, católica y con fama de inquieta y audaz. Cuando le preguntan a Sampaio si no siente celos cuando su novio es cortejado por tantas mujeres, responde: “Él es como es, cariñoso y cercano a la gente. Las mujeres lo adoran. No puedo podarlo”. Con todo, hace unas semanas corrió la noticia de que el noviazgo había terminado, algo que la oficina de prensa del magnate se ha negado a responder.

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