Los socialistas encadenan las crisis


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En el PSOE andaluz siempre han seguido una regla: las elecciones empiezan a ganarse al día siguiente de las últimas. Hasta que llegó la sucesión de Manuel Chaves y el sucesor de Chaves, José Antonio Griñán. Para el PSOE, la VIII legislatura andaluza ha supuesto un encadenamiento de una crisis política tras otra, además de bregar con la principal, la económica. En este periodo y pese al corsé presupuestario, las políticas sociales (educación, sanidad y dependencia) no se han resentido como en otras regiones. Lo que sigue es un resumen de los convulsos cuatro años de los socialistas.

» La sucesión. Después de las elecciones de 2008, que gana por mayoría absoluta, Chaves emite señales de que quiere abrir su sucesión, un tema tabú en el PSOE, tras 19 años como presidente. En el Gobierno nombra a dos vicepresidentes, Gaspar Zarrías y José Antonio Griñán. Y en el partido abre una ronda de consultas para dejar la secretaría general en manos de su secretario de Organización, Luis Pizarro. Se da cuenta de que no hay consenso, que su marcha provoca “vértigo” y que su relevo, que lo tiene decidido, le genera una presión enorme.

Decide entonces actuar en silencio con Pizarro, su cómplice en esta operación. Lanza una mentirijilla a los suyos —”aquí estoy, como siempre”, les dice— y encarga al número dos del PSOE que teja acuerdos internos en torno a Griñán, el único que garantiza la unanimidad en el PSOE frente a la apuesta más arriesgada de Mar Moreno.

Chaves renuncia a su acta de diputado andaluz a las 12.20 de la mañana del 7 de abril de 2009, sin dar explicaciones al Parlamento y cinco horas después promete su cargo como vicepresidente tercero del Gobierno de Zapatero. El pacto con Griñán implica seguir como secretario del PSOE andaluz hasta antes de las elecciones del 2012.

» La bicefalia. Cuando es investido presidente, el 22 de abril de 2009, Griñán atrae con un discurso socialdemócrata: apuesta por la ayudas revertibles a las empresas. “El sector público se financia con el sector privado, de él salen los recursos para construir el AVE, los centros de salud, las escuelas”. Hasta a la derecha le gusta lo que dice. Defiende una reforma de la Administración donde prime la meritocracia, aboga por la descentralización de la Junta, y proclama “la educación como la patria socialista”. Griñán sorprende con su primer Gobierno por el fichaje de la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, de IU, como consejera de Obras Pública, y de Mar Moreno, en Educación. Para la Consejería de la Presidencia, la sala de máquinas del Ejecutivo, sitúa a un tecnócrata, el economista Antonio Ávila.

Seis meses después de ser elegido cuarto presidente de la Junta, los problemas de bicefalia con Chaves se suceden. Ambos pactan adelantar el congreso, aunque no ponen fecha, para elegir a Griñán secretario general, aunque él mismo considera que “no se debe distraer al PSOE” de otra cosa que no sea la crisis.

Cuando apenas lleva medio año como presidente, las encuestas empiezan a detectar la pérdida de confianza en el PSOE. El PP se sitúa a 1,6 puntos de ventajan a finales de 2009. Las medidas de Zapatero lastran la gestión del Ejecutivo andaluz, pero en esos sondeos los ciudadanos no perciben que Griñán represente el cambio que demandan. Los socialistas ponen en marcha una estregia para reforzar la figura de Griñán.

» 2010, un mal año. El PSOE encara el año, que marca el ecuadro de la legislatura, en lo que se creía su punto más bajo. Las encuestas son unánimes: ocho sondeos vaticinan el triunfo del PP. Se produce el relevo en el PSOE que elige a Griñán en marzo secretario general con un respaldo nunca visto (99,8%). Apuesta por la renovación generacional tanto en el partido —con Rafael Velasco de vicesecretario y Susana Díaz de responsable de Organización— como en el grupo parlamentario, con Mario Jiménez de portavoz. Todos curtidos en las Juventudes y con menos de 40 años. Hace su segundo Gobierno en el que nombra, por sugerencia de Zapatero, a Mar Moreno como consejera de la Presidencia, destituye a seis y reduce en dos el número de consejerías. En ese momento ya tiene al equipo que quería en el partido, el grupo y el Gobierno. “Es el nuevo PSOE, el del cambio”, dicen. El PSOE se gasta 90.000 euros en una campaña en la que proclaman “Con Pepe Griñán, cambiamos Andalucía”.

Griñán prepara el debate de la comunidad como una oportunidad de lanzar su acción de gobierno: anuncia un paquete fiscal que incluye el céntimo sanitario, una subida de impuestos a las rentas más altas, una tasa a los bancos por los depósitos. También promete la reducción de las empresas públicas y el recorte en la inversión en 846 millones, el mayor de la autonomía. Estas medidas tienen un relato sostenible: todo está pensado para mantener las políticas sociales. El buen sabor de boca que deja este debate dura dos días, el tiempo que tarda Javier Arenas (PP) en dar a conocer un informe de la consejera de Hacienda y Administraciones Públicas, Carmen Martíenz Aguayo, en el Consejo de Política Fiscal y Financiera en el que la reducción del déficit va ligado al atraso en la puesta en marcha de promesas sociales del PSOE. Aguayo es también la artífice del decreto de la reforma del sector público, que pone en pie de guerra a los funcionarios a partir de septiembre.

En octubre, Griñán, que hace otro cambio de Gobierno (el tercero) por la marcha de Rosa Aguilar al Ejecutivo de Zapatero, tiene que afrontar una crisis en el PSOE. Rafael Velasco dimite por las críticas de la oposición sobre la actividad profesional de su esposa. Y renuncia el mismo día en el que el Gobierno aprueba el proyecto de ley de Presupuestos para 2011 donde se mantiene el gasto social a costa de rebajar otra vez la inversión. Las dudas sobre la capacidad del equipo dirigente que ha escogido Griñán se extienden en el PSOE. Este resuelve la situación afianzándolo y desoyendo a los que le aconsejan que fiche a veteranos con peso político.

» El caso de los ERE. El fraude de los expedientes de regulación de empleo pagados con fondos públicos coge vuelo regional y nacional en febrero de 2011, cuando el ex director general de Empleo, Francisco Javier Guerrero, denuncia la existencia de un “fondo de reptiles”. A partir de esa declaración, no hay día que pase sin que el Gobierno andaluz tenga que dar explicaciones. Las peticiones de dimisión arrecian por parte de la oposición ante un PSOE aturdido por las revelaciones y que pone el cortafuegos político en Guerrero.

» Portazo de Luis Pizarro. Acosado por los ERE, Griñán afronta un mes antes de las elecciones municipales de mayo 2011 la dimisión de Luis Pizarro como consejero de Gobernación. El motivo del portazo es el cese de una persona de su confianza en la provincia de Cádiz, pero este episodio pone de manifiesto el distanciamiento total de Griñán con el equipo que le precedió. La cercanía de las elecciones impone la tregua del PSOE cuyas estimaciones no contemplan un vuelco electoral. El cálculo es erróneo: el PP gana por primera vez en Andalucía por siete puntos de ventaja, 300.000 votos. El mito de que la derecha no gana nunca, cae. La culpa es del paro, argumentan los socialistas.

» Por fin, medidas concretas. En el debate de la comunidad, de junio de 2011 Griñán plantea 30 medidas para recuperar la “mayoría social”. Es la primera vez en la legislatura que muchos dirigentes identifican como tal una agenda de gobierno. Griñán decide agotar la legislatura y no hacer coincidir las elecciones con las generales del 20 de noviembre. Los presupuestos de 2012 son otra apuesta por las políticas sociales: va al máximo techo legal de endeudamiento y sube cinco impuestos a las rentas más altas, como ya hizo un año antes. La campaña se celebra con un PSOE más desmotivado que nunca. De partida da por descontado que el PP ganará, pero confía en que la brecha de siete puntos mengüe.Los populares vuelven a ganar y esta vez por nueve puntos.

» El lío del congreso federal. Griñán es partidario de celebrar el congreso federal antes de las autonómicas del 25 de marzo y hacerlo además en Sevilla. Cree que será una rampa de lanzamiento de su candidatura, pero la elaboración de las listas de delegados abre en canal al PSOE. Griñán y su equipo apuestan por Carme Chachón para la secretaría general y pierden. Alfredo Pérez Rubalcaba es el nuevo líder federal. El zarandeo interno no acaba ahí porque la pelea en las candidaturas al Parlamento prolonga la guerra. Ahora el PSOE está en campaña y hay armisticio, pero solo será duradero si el PSOE sigue en el Gobierno.

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