El Ministerio de Igualdad ha confirmado que el número de mujeres asesinadas por violencia de género en lo que va de 2025 se ha elevado a 38, alcanzando un total de 1.333 desde 2003, cuando comenzaron a recopilarse estos datos. En los últimos días se han confirmado dos casos trágicos, uno en Barcelona y otro en Madrid.
En Barcelona, una mujer de 38 años falleció el pasado 13 de noviembre después de sufrir una presunta agresión por parte de su pareja el 18 de octubre. En este caso, existían denuncias previas por violencia de género contra el agresor. Por otro lado, en Madrid, una mujer de 60 años fue presuntamente asesinada por su cónyuge el 15 de noviembre, sin que existieran denuncias previas por violencia de género.
En lo que va de noviembre se han registrado cuatro crímenes machistas, según datos del Ministerio de Igualdad, que recientemente convocó un comité de crisis para abordar esta preocupante situación. En el mes de octubre, se contabilizaron seis casos.
Por comunidades autónomas, Andalucía lidera el número de crímenes machistas en 2025 con un total de 11, seguida por Asturias, Extremadura, Cataluña y Madrid, con tres casos cada una. Canarias, Comunidad Valenciana, Galicia y Murcia registraron dos casos, mientras que Baleares, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Navarra, País Vasco, La Rioja y Aragón tuvieron un caso cada una.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha hecho un llamamiento a la «unidad y firmeza» para combatir la violencia machista, expresando su solidaridad con las familias de las mujeres asesinadas en Madrid y Barcelona. Por su parte, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha instado a que se aplique «todo el peso de la ley» sobre los agresores, condenando con firmeza estos actos.
En un contexto en el que la violencia de género sigue cobrando vidas, es crucial que se tomen medidas efectivas para prevenir y proteger a las víctimas, así como para garantizar que los responsables sean llevados ante la justicia. La lucha contra la violencia machista debe ser una prioridad en nuestra sociedad, en la que no puede haber cabida para estos actos de violencia estructural.
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