En condiciones normales, no hay motivo para limitar la ingesta de proteínas, ya que el hígado está diseñado para procesar los aminoácidos que ingerimos. Sin embargo, en casos de enfermedades hepáticas avanzadas, como la cirrosis, se recomienda controlar su consumo, según afirma el nutricionista y asesor técnico de Tentorium Energy, Roger Vilageliu.
Una dieta rica en proteínas no supone un estrés patológico si se acompaña de una alimentación equilibrada y un estado de salud normal. Por el contrario, una adecuada ingesta de proteínas ayuda a preservar la masa muscular y prevenir alteraciones metabólicas, ya que las proteínas son indispensables para la síntesis de enzimas.
En cuanto a la cantidad de proteínas que deberíamos consumir, la recomendación para la población general se sitúa entre 0,8 y 1 gramo por kilo de peso al día. Con realizar dos ingestas proteicas al día, como en la comida y la cena, se pueden cubrir estos requerimientos. Sin embargo, muchas veces esto no se cumple, especialmente en la cena.
Para las personas que practican deporte, los requerimientos de proteínas pueden aumentar hasta 1,2-1,4 gramos por kilo, o incluso más de 1,5 gramos en el caso de deportes de fuerza como el levantamiento de peso.
Es importante desmentir mitos relacionados con el consumo de proteínas, como el que indica que un consumo elevado puede provocar daño renal. Según Vilageliu, solo las personas con enfermedad renal deben limitar su ingesta proteica. En individuos con función renal normal, incluso dietas altas en proteínas (hasta 3 gramos por kilo al día) no han mostrado efectos negativos sobre la salud renal.
El verdadero riesgo aparece cuando se consume proteína a través de alimentos ultraprocesados ricos en azúcar, sal o grasas saturadas. Es importante priorizar fuentes limpias y completas de proteínas.
En cuanto a los suplementos de proteínas, no siempre la proteína animal es mejor que la vegetal. Algunas proteínas de origen no animal, como la proteína de levadura nutricional, también pueden tener una alta calidad digestiva y nutricional. Es recomendable que la mitad de la proteína diaria provenga de fuentes vegetales para llevar una alimentación equilibrada.
Para reconocer un suplemento de proteína de calidad, debe tener un valor PDCAAS mayor o igual a 0,9, aportar más del 75% de proteína sobre peso seco, y tener ausencia de alérgenos mayores y bajos niveles de aditivos, azúcares o sal. La proteína microbiótica, elaborada a partir de levaduras inactivas mediante fermentación, puede ser una opción excelente.
Los batidos de proteínas no son exclusivos para deportistas. A partir de los 60 años, la pérdida natural de masa muscular se acelera, y muchas personas no alcanzan los requerimientos diarios solo con la dieta. En estos casos, un suplemento de proteína en polvo de alta calidad puede ser de gran ayuda, especialmente si se combina con algo de ejercicio físico.
Los suplementos de proteínas también pueden ser útiles en etapas como el embarazo, la adolescencia o durante convalecencias, cuando las necesidades proteicas aumentan. No sustituyen la comida, pero pueden facilitar el logro de objetivos nutricionales en días complicados o con poco apetito.
En resumen, aunque no se deben prohibir los suplementos de proteínas, se deben utilizar con sentido común. Nunca deben sustituir una comida, pero pueden ser útiles en momentos específicos como entrenamientos intensos, crecimiento acelerado o pérdida de apetito.
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