Con motivo del Día Nacional del Paciente Anticoagulado, la Asociación de Pacientes Anticoagulados (AMAC) ha lanzado un llamamiento a los profesionales de la salud, la sociedad y las autoridades sanitarias para concienciar sobre las dificultades que enfrentan las personas que necesitan tratamiento anticoagulante.
Vivir con anticoagulación implica un equilibrio delicado entre prevenir coágulos y minimizar el riesgo de hemorragias, además de atender a interacciones farmacológicas y adaptar la vida diaria a esta medicación esencial. Aunque los anticoagulantes orales de acción directa han simplificado este proceso, los pacientes aún enfrentan desafíos que requieren educación y apoyo continuo.
En España, cerca de un millón de personas están anticoaguladas, una cifra en aumento debido al envejecimiento de la población y la mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares. La fibrilación auricular, una de las principales indicaciones para la anticoagulación, afecta al 4,4% de los adultos mayores de 40 años en el país.
A pesar de la disponibilidad de terapias, aproximadamente el 41% de los pacientes tratados con antagonistas de la vitamina K no logran un control adecuado de la anticoagulación, lo que aumenta el riesgo de eventos adversos prevenibles. Esto pone de manifiesto las desigualdades y barreras a las que se enfrentan los pacientes anticoagulados, lo cual va en contra de la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, que garantiza igualdad en la atención y seguimiento para todos los ciudadanos.
AMAC destaca la importancia de la educación del paciente, que suele ser insuficiente. La información, comprensión del tratamiento, apoyo psicológico y capacidad de anticipar riesgos son fundamentales para reducir complicaciones, mejorar la calidad de vida y disminuir la carga para el sistema sanitario. Los profesionales de la salud deben considerar al paciente en su totalidad, más allá de los números de los análisis, escuchando sus experiencias y necesidades diarias.
En conclusión, AMAC hace un llamado a reforzar la cohesión del Sistema Nacional de Salud, garantizar un acceso equitativo a tecnologías y tratamientos, y asegurar que ninguna persona anticoagulada quede rezagada por motivos geográficos o administrativos. La equidad en la atención a estos pacientes es crucial para salvar vidas y mejorar la calidad de vida de quienes necesitan tratamiento anticoagulante.
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