Un total de 152.693 personas estaban en lista de espera para recibir atención a la dependencia a finales de 2025, lo que representa una reducción del 18,4% en comparación con el año anterior y del 51% en los últimos cinco años. Estos datos fueron presentados por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, destacando que, a pesar de la disminución en la lista de espera, el tiempo de espera aumentó a 341 días, 7 días más que el año anterior.
Las comunidades autónomas con menos tiempo de espera son Ceuta (82 días), Castilla y León (113) y País Vasco (129), mientras que las que tienen más son Murcia (559 días), Andalucía (496) y Canarias (430).
En cuanto a las personas beneficiarias con prestación efectiva, se observa un aumento del 3,8% en el último trimestre, alcanzando un total de 1.635.462 beneficiarios en diciembre de 2025, lo que marca un nuevo récord en el número de personas atendidas a través del Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD).
La generación del ‘baby boom’ ha incrementado la presión en el sistema, con un aumento del 7,4% en las solicitudes en el último año. Esto ha llevado a la necesidad de reforzar la capacidad del sistema para hacer frente a los desafíos demográficos y sociales. Además, se destaca la importancia de la reforma de las leyes de Discapacidad y Dependencia, así como la necesidad de abordar la falta prevista de 260.000 trabajadoras adicionales en el sector para el año 2030.
Por otro lado, se resalta la consolidación del modelo de «cuidados de proximidad», con el 57% de las prestaciones ofrecidas en el entorno comunitario. La teleasistencia y la ayuda a domicilio son los servicios más habituales, habiendo experimentado un crecimiento del 19,9% y 10,6%, respectivamente.
En conclusión, se destaca la importancia de seguir trabajando para adaptar el modelo de atención a las preferencias de cada persona y aumentar las intensidades de la atención a domicilio. Se enfatiza la necesidad de avanzar hacia un reparto más equitativo de los apoyos, considerando que la responsabilidad recae en gran medida en las familias, lo cual es un fenómeno común en muchos países.
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