El estudio realizado por Tami Lieberman, profesora asociada del MIT, revela que la transición a la edad adulta podría ser el momento ideal para introducir cepas probióticas de ‘C. acnes’ con el fin de prevenir el acné. Aunque esta bacteria ha sido asociada con el desarrollo de esta condición cutánea, aún existen incertidumbres sobre por qué algunas personas son más propensas que otras a padecerla.
El estudio también destaca la importancia de ‘Staphylococcus epidermidis’, otra bacteria predominante en el rostro que, junto con ‘C. acnes’, constituye aproximadamente el 80% de las cepas del microbioma cutáneo facial adulto. A través de la investigación, se identificaron 89 linajes de ‘C. acnes’ y 78 de ‘S. epidermidis’, mostrando una dinámica poblacional más compleja de lo que se creía previamente.
Durante los primeros años de la adolescencia, la producción hormonal aumenta la grasa en la piel, lo que favorece el crecimiento bacteriano. Este periodo se presenta como una ventana de oportunidad para la introducción de tratamientos probióticos tópicos, ya que se observa una mayor diversidad de linajes de ‘C. acnes’.
En contraste, en la edad adulta se evidencia un bajo intercambio de cepas entre los padres que conviven en el mismo hogar. ‘S. epidermidis’ muestra una tasa de renovación más alta que ‘C. acnes’, sugiriendo posibles factores genéticos, comportamentales o ambientales que influyen en la diversidad bacteriana en la piel.
Estos hallazgos abren nuevas vías de investigación para comprender cómo el momento de adquisición de cepas bacterianas durante la adolescencia puede afectar la respuesta del sistema inmunitario. Asimismo, plantean interrogantes sobre la manera en que las personas mantienen poblaciones microbianas distintas, incluso al estar expuestas a nuevos linajes a través del contacto con familiares cercanos.
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