El trabajo publicado en la revista ‘Current Research in Food Science’ analizó los hábitos dietéticos de 740 personas en la provincia de Tarragona entre 1998 y 2002. Se complementaron los datos con un reconocimiento de salud general y análisis para determinar los niveles de B9 y otras vitaminas en sangre.
Según la investigadora Michelle Murphy del Departamento de Ciencias Médicas Básicas de la URV, los hábitos de consumo de aquel momento eran más representativos de la dieta mediterránea que los actuales, lo que los hace relevantes en este contexto.
Los resultados del estudio revelaron que solo el 17,5% de la muestra seguía una dieta mediterránea rigurosa. Sorprendentemente, el 15% de esas personas no ingerían suficiente B9 según los estándares de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, y un 8,5% no alcanzaba los requisitos de la Organización Mundial de la Salud.
En el caso de las personas con baja adherencia a la dieta mediterránea, las deficiencias de folato eran aún más alarmantes: el 71% no recibía suficiente a través de la dieta, y se detectaron deficiencias en sangre en más de una cuarta parte de los casos. Además, el estudio identificó carencias en otras vitaminas importantes como la B6, crucial para el desarrollo del sistema nervioso y el sistema inmunológico.
Aunque llevar una dieta mediterránea equilibrada se relaciona con niveles adecuados de folato en la mayoría de los casos, no garantiza necesariamente unos buenos niveles de B9. Por tanto, Murphy destacó la importancia de sensibilizar a la población sobre la suplementación en madres gestantes, especialmente en B9 y B12, y planteó la posibilidad de debatir la fortificación generalizada de alimentos como la harina.
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