A medida que las protestas se intensificaban en todo el país, el internet de Irán fue desconectado y los líderes de su judicatura y sus servicios de seguridad advirtieron de una respuesta severa en medio de llamados por «libertad, libertad».
Este corte en la comunicación digital se produjo en medio de un clima de agitación social, con manifestantes exigiendo reformas políticas y una mayor libertad de expresión. Las autoridades, por su parte, han respondido con represión y censura, generando preocupación tanto a nivel nacional como internacional.
En este contexto tenso, la población se encuentra dividida entre el deseo de cambio y la presión del régimen por mantener el control. Las manifestaciones continúan, a pesar de la represión, mostrando la determinación de los ciudadanos por lograr un cambio en el estado actual de las cosas.
Es crucial seguir de cerca la evolución de esta situación, ya que las decisiones tomadas en Irán pueden tener repercusiones a nivel global. La comunidad internacional ha expresado su preocupación por la escalada de violencia y la falta de diálogo entre las partes involucradas. La presión aumenta, tanto dentro como fuera del país, en un momento crucial para el futuro de Irán y su relación con el resto del mundo.
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