El gobierno del Primer Ministro Keir Starmer aprobó planes para la construcción de una nueva embajada china cerca de Tower Bridge, lo cual ha generado controversia y críticas por parte de quienes temen que esto facilite labores de espionaje.
Esta nueva embajada, de proporciones masivas, ha levantado preocupaciones sobre la seguridad nacional y la posibilidad de que se lleven a cabo actividades de espionaje en el corazón de la capital británica. Algunos críticos argumentan que la proximidad de la embajada a lugares clave como el Parlamento y la City de Londres podría facilitar el acceso a información sensible.
Además, se ha cuestionado la relación entre el gobierno británico y China, especialmente en un contexto de tensiones geopolíticas y preocupaciones crecientes sobre la influencia del gobierno chino en asuntos internacionales.
A pesar de las críticas y la oposición de algunos sectores, el gobierno de Keir Starmer ha seguido adelante con los planes para la construcción de esta nueva embajada, lo que ha generado un intenso debate en el ámbito político y social del Reino Unido.
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