El feminismo en Madrid ha vuelto a marchar dividido este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, con dos manifestaciones simultáneas, aunque con consignas comunes como «No a la guerra». A pesar de esto, la asistencia a ambas marchas ha estado por debajo de las cifras históricas de años anteriores, con un total de 34.000 personas según datos oficiales.
En 2018 y 2019, se contabilizaron alrededor de 300.000 mujeres en marchas unitarias en la capital española. Sin embargo, en 2020 la cifra descendió a unas 120.000 asistentes, previo al inicio de la pandemia de coronavirus, y en 2021 no hubo convocatorias debido a la misma.
Las diferencias entre los movimientos feministas se mantienen en temas como la prostitución, la autodeterminación de género y el uso del burka. La Comisión 8M ha denunciado la decisión del Ministerio de Igualdad de vetar el acceso a ayudas a organizaciones que no consideren la prostitución y la gestación subrogada como violencia contra la mujer, mientras que el Movimiento Feminista de Madrid insiste en acabar con la prostitución y rechaza la Ley Trans.
Ambos movimientos comparten reivindicaciones como la lucha contra la violencia de género y vicaria, la igualdad laboral, salarial y educativa, así como la solidaridad con mujeres en situaciones de conflicto en todo el mundo.
En las manifestaciones, se han escuchado consignas contra el patriarcado, la guerra y el racismo, así como demandas de justicia para las mujeres asesinadas, la defensa de los derechos sexuales y reproductivos, y la crítica a los poderes públicos. Las participantes han clamado contra el burka y la prostitución, destacando la brutalidad de la violencia patriarcal en estos ámbitos.
En este contexto, el feminismo se presenta como un movimiento internacionalista que busca la igualdad y la libertad de las mujeres, rechazando imposiciones culturales que limitan sus derechos. Se denuncia el sistema prostitucional y se exige la derogación de la Ley Trans, promoviendo una sociedad más justa e inclusiva para todas.
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