La población mundial está envejeciendo, y la demencia se ha convertido en la tercera causa principal de mortalidad y la séptima causa principal de discapacidad entre los adultos mayores en todo el mundo. Es una condición frecuente relacionada con la edad que impacta la calidad de vida de muchas personas, incluyendo a sus familias y cuidadores. La prevención juega un papel crucial en este escenario, y parte de ella implica identificar los factores de riesgo modificables.
Hasta hace poco, se creía que todos los comportamientos sedentarios aumentaban el riesgo de desarrollar demencia. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos, como ver la televisión, pueden incrementar el riesgo de depresión, mientras que los comportamientos sedentarios mentalmente activos, como leer o trabajar en la oficina, parecen tener un efecto protector.
La mayoría de los adultos pasan entre 9 y 10 horas al día sentados, lo cual ha sido asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, depresión y demencia. En este sentido, una nueva investigación del Instituto Karolinska en Suecia ha revelado que los adultos que pasan largos periodos en sedentarismo mentalmente pasivo tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia. Sin embargo, sustituir este tipo de sedentarismo por actividades mentalmente activas puede reducir el riesgo de demencia en la edad adulta.
El estudio, publicado en el ‘American Journal of Preventive Medicine’ por Elsevier, destaca la importancia de diferenciar entre el sedentarismo pasivo y activo en relación con la demencia. Los hallazgos sugieren que el sedentarismo mentalmente activo se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia, y aumentar el tiempo dedicado a este tipo de comportamientos puede reducir significativamente el riesgo de demencia, manteniendo al mismo tiempo niveles de sedentarismo pasivo y actividad física.
Sustituir el tiempo dedicado a comportamientos sedentarios mentalmente pasivos por actividades mentalmente activas también puede reducir el riesgo de demencia. Esto sugiere que no todos los comportamientos sedentarios son equivalentes, algunos pueden aumentar el riesgo de demencia, mientras que otros pueden ser protectores. Es fundamental mantenerse físicamente activo a medida que envejecemos, pero también es importante mantenerse mentalmente activo, especialmente cuando estamos sentados.
En resumen, el mensaje de los autores es claro: no se trata solo de contar pasos, sino de sumar minutos de actividad mental de calidad. Mantenerse físicamente activo es crucial, pero también lo es entrenar el cerebro, incluso cuando estamos sentados. Pequeños cambios, como sustituir parte del tiempo de sedentarismo pasivo por lectura u otras actividades cognitivas, pueden tener un impacto significativo en la salud cerebral a largo plazo.
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