ACNUR ha lanzado el Fondo de Protección Ambiental para Personas Refugiadas desde la Cumbre del Clima (COP30) que se está celebrando en Belém (Brasil). Esta iniciativa busca restaurar más de 100.000 hectáreas de tierra y ampliar el acceso a energía limpia para un millón de personas en un plazo de diez años.
En las zonas donde se acoge a refugiados, se talan casi 25 millones de árboles al año para obtener combustible de cocina, lo que provoca deforestación, debilitamiento del suelo y problemas agrícolas. ACNUR busca revertir esta tendencia restaurando bosques, ampliando el acceso a energía limpia y apoyando a las familias refugiadas en la reconstrucción de sus tierras.
El Fondo será implementado por refugiados y comunidades anfitrionas, que recibirán formación y empleo en actividades como la plantación de árboles y la gestión de viveros. Los ingresos por la venta de créditos de carbono se reinvertirán en proyectos comunitarios, asegurando que los beneficios ambientales y económicos sean compartidos equitativamente.
Los primeros proyectos se llevarán a cabo en Uganda y Ruanda, enfocándose en la restauración de tierras degradadas y la introducción de soluciones energéticas limpias. Se espera que estos esfuerzos reduzcan más de 200.000 toneladas de dióxido de carbono al año y generen empleos verdes para refugiados y miembros de la comunidad anfitriona.
Además, se planea expandir el trabajo a otras regiones, como Brasil y Bangladesh, con el objetivo de restaurar ecosistemas y mejorar las condiciones de vida de las comunidades afectadas. Este enfoque busca no solo proteger el medio ambiente, sino también promover el desarrollo sostenible y la inclusión social.
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