La Comisión Europea ha instado a los Estados miembros a reducir la demanda energética, especialmente en productos derivados del petróleo, debido al impacto del conflicto en Oriente Próximo en los mercados energéticos. Aunque actualmente no se registran problemas inmediatos de suministro en la UE, se prevé que la situación sea prolongada y que incluso en un escenario de paz, las consecuencias perdurarán.
El comisario de Energía, Dan Jorgensen, ha señalado la necesidad de actuar con unidad y coordinación para evitar respuestas nacionales fragmentadas que puedan distorsionar el mercado. Bruselas presentará próximamente un paquete de iniciativas para proteger a familias y empresas, ante el aumento de precios del gas y el petróleo que han incrementado la factura energética de la UE en unos 14.000 millones de euros en solo un mes.
Entre las medidas recomendadas se encuentra el fomento del teletrabajo, la reducción de los límites de velocidad en carretera, el impulso del transporte público, la limitación del uso del coche privado en grandes ciudades, el uso compartido del vehículo y la adopción de prácticas de conducción eficiente. Además, se está trabajando en la coordinación del llenado de los almacenamientos de gas y en el refuerzo de la seguridad del suministro de petróleo.
El objetivo es desacoplar los precios del gas de los de la electricidad y reducir el impacto sobre los consumidores. Se busca también apoyar a los hogares más vulnerables y a las industrias afectadas por el aumento de los costes energéticos. A pesar de que la UE está en mejor posición que en la crisis energética de 2022, se destaca la vulnerabilidad estructural de la Unión frente a los choques externos debido a su dependencia de los combustibles fósiles importados.
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