El consumo de alcohol antes de dormir puede tener un impacto significativo en la calidad del sueño, según la evidencia científica. Aunque el alcohol puede ayudar a conciliar el sueño más rápidamente, en realidad empeora la calidad del descanso, incluso en dosis bajas. Esto se debe a que, aunque actúa como sedante y reduce la latencia del sueño, a las pocas horas fragmenta el descanso, suprime la fase REM (importante para la memoria y la regulación emocional) y aumenta los despertares nocturnos.
Además, el alcohol puede agravar los ronquidos y la apnea obstructiva del sueño, siendo especialmente perjudicial para las personas con insomnio. En este grupo, el alcohol puede perpetuar un círculo vicioso de peor descanso y mayor consumo, ya que agrava los síntomas del insomnio y puede llevar a una mayor dependencia del alcohol como «automedicación».
La especialista en neurofisiología clínica y medicina del sueño Rybel Wix destaca que, a pesar de la creencia popular de que una copa de alcohol facilita la conciliación del sueño, en realidad empeora drásticamente la calidad total del mismo. El alcohol puede suprimir la fase REM del sueño, aumentar los despertares durante la noche y reducir el sueño reparador de ondas lentas.
En resumen, el consumo de alcohol antes de dormir puede tener efectos negativos en la calidad del sueño, independientemente de la dosis. Por lo tanto, las principales sociedades científicas del sueño recomiendan evitar el alcohol antes de acostarse para garantizar un descanso óptimo. Además, en casos de apnea del sueño o riesgo de ronquidos, se recomienda abstenerse de alcohol al menos una hora antes de irse a la cama para minimizar la disrupción del sueño.
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