Los Estados miembros de la Unión Europea han aprobado un reglamento para la eliminación gradual, a partir de 2027, de las importaciones de gas desde Rusia, tanto por gasoducto como por gas natural licuado (GNL). Esta medida representa un paso crucial para que la UE pueda poner fin a su dependencia de la energía rusa de forma definitiva.
El reglamento, aprobado por mayoría cualificada con el voto en contra de Hungría y Eslovaquia, así como la abstención de Bulgaria, establece la prohibición de las importaciones de GNL ruso a principios de 2027 y de gas por gasoducto a partir del otoño de ese mismo año. Además, permitirá que los contratos vigentes pasen por un periodo de transición para mitigar el impacto de esta decisión en los precios y los mercados.
Según Michael Damianos, ministro de Energía, Comercio e Industria de Chipre, que ostenta la Presidencia rotatoria del Consejo de la UE, esta medida fortalecerá el mercado energético de la Unión, haciéndolo más resiliente y diversificado. Se busca romper con la dependencia perjudicial del gas ruso y avanzar hacia una unión energética autónoma.
Además, se ha acordado imponer la obligación de verificar el país de origen de cualquier gas antes de autorizar su entrada a la Unión Europea, evitando así que el gas ruso pueda ingresar mediante compraventas con terceros países. El incumplimiento de estas normas podrá acarrear sanciones económicas significativas.
En caso de emergencia, se contempla la posibilidad de volver a conectar al gas ruso si la seguridad del suministro se ve seriamente amenazada en uno o más países de la UE. La Comisión podrá suspender la prohibición de importación durante un máximo de cuatro semanas en tales circunstancias.
Por último, se planea proponer legislación para eliminar gradualmente las importaciones de petróleo ruso a finales de 2027. A pesar de los esfuerzos por reducir la dependencia de los combustibles fósiles rusos, el gas ruso representó el 13% de las importaciones de la Unión en 2025, en comparación con menos del 3% de las importaciones de petróleo ruso en el mismo año.
Esta decisión marca un hito importante en los esfuerzos de la Unión Europea por diversificar sus fuentes de energía y reducir su dependencia de Rusia en este ámbito clave.
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