Madrid, 20 Ene. (EDIZIONES) –
Superar una enfermedad grave y salir con vida de la UCI no siempre significa volver a la normalidad. Cada vez más pacientes experimentan meses -e incluso años- después secuelas físicas, cognitivas y emocionales, que afectan de forma profunda a su calidad de vida. Es lo que se conoce como el ‘síndrome postcuidados intensivos’ o ‘síndrome post-UCI’, una realidad todavía poco visible que no solo impacta en quienes han estado ingresados, sino también en sus familias, y que está obligando a replantear el modelo tradicional de las unidades de cuidados intensivos.
En una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, la facultativa del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario de Fuenlabrada, Ángela Alonso Ovies, subraya que el ‘Síndrome Postcuidados Intensivos’ (SPCI o PICS, por sus siglas en inglés) tiene lugar con la aparición de las secuelas que surgen no solo en los pacientes, sino también en sus familiares, a consecuencia del paso por una UCI; secuelas diferentes, además, de las que derivan de la propia enfermedad que ha motivado el ingreso del paciente.
Tal y como describe esta experta, estas secuelas se agrupan en tres áreas fundamentales: físicas-funcionales, psicológicas-emocionales y cognitivas. "Estas secuelas suponen un importante deterioro en la calidad de vida de los pacientes, y una importante dificultad para recuperar su estatus previo, no solo de salud, sino también social, laboral, familiar, etc.", afirma.
Se debe añadir, en opinión de la doctora Alonso, que también existe un SPCI familiar, que afecta a los seres queridos de los pacientes, en el que los síntomas prevalentes son de carácter psicológico o emocional, secundarios a la experiencia tan intensa y dolorosa que supone el ingreso en UCI de un familiar, aunque también se detectan problemas laborales, de relación familiar, o de deterioro de su propia salud, al abandonar todas sus actividades y roles habituales en favor del cuidado del paciente.
Secuelas físicas
Así, en el plano físico, esta intensivista remarca que, dentro de las secuelas físicas y funcionales, hay claros factores predisponentes: "La inmovilidad, el hipercatabolismo, los fármacos sedantes y otras terapias necesarias dentro de las UCI, generan importante pérdida de masa muscular y debilidad".
Ello lleva al deterioro de funciones básicas como la movilidad a todos los niveles (desde caminar a poder agarrar un cubierto), la capacidad respiratoria o la deglución y, por tanto, a un deterioro significativo de la autonomía y la calidad de vida del paciente, según prosigue. "Estas secuelas suelen ser las más evidentes, pero no siempre se ponen todos los medios necesarios para su prevención y manejo", avisa.
Alteraciones cognitivas también están presentes
Desde el punto de vista cognitivo, la facultativa del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario de Fuenlabrada mantiene que pueden ser "muy llamativas" tras la estancia en UCI.
De hecho, dice que se puede ver afectación en mayor o en menor intensidad y duración de las funciones intelectuales, con pérdida de memoria; inatención; alteraciones del comportamiento; incapacidad para razonamientos lógicos, para la lectura o la escritura; e incluso para operaciones sencillas. "Su aparición se ha visto relacionada con la existencia durante su estancia en la UCI del delirium, y de igual manera, condicionan de forma importante la calidad de vida de pacientes y familias", asegura Alonso.
"Una enfermedad grave, en la que la propia vida está en riesgo, puede producir una importante huella emocional. Por ello las secuelas psicológicas son frecuentes en el contexto de la UCI y tras el alta. Lo más habitual son los cuadros de depresión y de ansiedad, pero también se detectan pacientes con síndrome de estrés postraumático, a causa de un impacto emocional tan intenso", describe esta especialista.
A su vez, sostiene que las alteraciones del sueño son también muy habituales, con dificultad para conciliar y mantener un sueño reparador, y con pesadillas recurrentes en las que reviven su experiencia en UCI o las alucinaciones sufridas fruto del delirium.
"Estas secuelas, con elevada frecuencia pasan desapercibidas, ya que el paciente tiende a ocultarlas o infravalorarlas, y es un aspecto sobre el que los clínicos raramente inciden. La ausencia de evaluación y de tratamiento genera una retroalimentación negativa sobre los otros aspectos del SPCI", alerta la doctora Alonso.
Incluso una estancia corta puede dejar secuelas
En cuanto a la incidencia de las secuelas, esta especialista mantiene que cuanto más corta sea la estancia, y menor el intervencionismo y la inmovilidad, las secuelas tienden a ser menores y con una recuperación más rápida; si bien advierte de que, en muchas ocasiones, aún así, las secuelas pueden existir.
"Hay que tener en cuenta que existen otros factores predisponentes más difíciles de medir que también influyen, como la soledad, el aislamiento, la incomunicación, la incertidumbre, la falta de descanso nocturno, etc. Una experiencia negativa tan intensa como una enfermedad grave que nos lleva a una UCI puede dejar una huella importante en nuestra biografía. Todo ello nos debe hacer replantearnos el modelo clásico de las UCI, en las que los familiares no tienen cabida más allá de los horarios habituales de visitas, o la necesidad de incorporar a los psicólogos en nuestras unidades", sostiene esta experta.
Precisamente, el Servicio de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Fuenlabrada ha impulsado la publicación del manual "Abordaje del síndrome postcuidados intensivos", la primera obra de estas características editada en español, y que además, ha sido coordinada por la intensivista Ángela Alonso Ovies, a quien entrevistamos en este reportaje, junto a sus compañeros María Ángeles de la Torre Ramos y Carlos Velayos Amo.
Se trata del primer manual de estas características, y ha contado con la colaboración de un centenar de profesionales procedentes de España y de Latinoamérica. Este documento agrupa todo el conocimiento más actualizado sobre la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento del síndrome postcuidados intensivos y aporta, además, recomendaciones prácticas y herramientas destinadas a minimizar su aparición tanto en los pacientes críticos como en sus familias.
