El Instituto Superior de Formación Sanitaria (ISFOS), en colaboración con Medtronic, ha destacado la importancia de contar con profesionales especializados en el tratamiento del dolor crónico para mejorar la calidad de vida de los pacientes afectados. Según datos del ISFOS, alrededor de 10 millones de personas en España sufren de dolor crónico, una condición que impacta física, emocional y socialmente en los pacientes, especialmente en mujeres, personas mayores y aquellos con comorbilidades.
La directora del ISFOS, Pilar Fernández, señaló que el dolor crónico es un problema de salud pública de gran relevancia, aunque muchas veces no recibe la atención necesaria por parte de las instituciones. En este sentido, el catedrático de Anestesiología de la Universidad de Santiago de Compostela, Julián Álvarez, resaltó la subjetividad del dolor como experiencia vital, lo que dificulta su diagnóstico y tratamiento.
Las enfermeras juegan un papel fundamental en el abordaje del dolor crónico, ya que están más cerca de los pacientes y pueden visibilizar la enfermedad más allá de los hospitales y centros de salud. Realizan una valoración integral de la persona, abordando no solo el dolor en sí mismo, sino también su impacto en otros aspectos como el sueño, la movilidad y el estado de ánimo. Además, educan en técnicas de autocuidado, gestionan la medicación y promueven la actividad física como parte del tratamiento.
Los expertos coinciden en que el tratamiento del dolor crónico debe ser multimodal, incluyendo enfoques farmacológicos, intervencionistas, rehabilitadores, psicológicos y educativos. Entre las alternativas de tratamiento se encuentran las terapias avanzadas como la neuroestimulación y las bombas intratecales, donde el papel de la enfermera es fundamental para el éxito de la terapia.
En resumen, las enfermeras no solo participan en el tratamiento del dolor crónico, sino que lideran procesos clave en el manejo integral de la enfermedad, mejorando la seguridad y la calidad de vida de los pacientes. Su labor en consultas específicas de dolor contribuye a resultados clínicos positivos, brindando una atención humanizada que considera tanto la enfermedad como la dimensión emocional y social de la persona afectada.
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