Por eso, la ciencia continúa investigando pistas tempranas en el cuerpo y la vida cotidiana que puedan ayudar a identificar a tiempo a las personas en riesgo de desarrollar demencia, ofreciendo así la oportunidad crucial de proteger la salud cerebral antes de que sea demasiado tarde. La detección precoz es fundamental para mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias, así como para implementar estrategias preventivas y de cuidado que puedan marcar la diferencia a largo plazo.
Investigadores de la Universidad de Zhengzhou (China) han realizado un estudio en el que señalan que la fragilidad física podría contribuir al desarrollo de la demencia. Según el doctor Yacong Bo, autor del estudio, la fragilidad no solo se asocia con un mayor riesgo de demencia, sino que podría ser una causa real de la enfermedad. El estudio incluyó a casi 490.000 personas con una edad promedio de 57 años, a las cuales se les realizó un seguimiento promedio de 14 años.
La fragilidad física se define como tener tres o más de los siguientes cinco síntomas: sentirse cansado a menudo, poca o ninguna actividad física, velocidad de caminata lenta, poca fuerza de agarre y pérdida de peso involuntaria. Durante el estudio, se observó que el 4,6% de los participantes cumplía con la definición de fragilidad, presentando tres o más síntomas. Aquellos que presentaban fragilidad tenían casi tres veces más probabilidades de desarrollar demencia que quienes no presentaban síntomas de fragilidad.
Además, las personas con fragilidad que también tenían genes vinculados a la demencia tenían casi cuatro veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad. Los investigadores también encontraron evidencia que sugiere que la fragilidad podría ser un factor potencial en el desarrollo de la demencia, destacando la importancia de identificar y gestionar la fragilidad como estrategia para prevenir la demencia.
En resumen, los síntomas de fragilidad como el cansancio, la debilidad, la caminata lenta, la poca actividad y la pérdida de peso están asociados a un riesgo elevado de demencia. Observar la presencia de estos síntomas puede ser clave en la detección precoz de la enfermedad. Los biomarcadores y cambios cerebrales asociados a la fragilidad también juegan un papel importante en la relación entre fragilidad y demencia, lo que destaca la importancia de seguir investigando en este campo para mejorar la prevención y el cuidado de la demencia.
FUENTE
