Con el envejecimiento acelerado de la población, los casos de demencia no dejan de crecer y se preparan para convertirse en una de las grandes presiones del sistema sanitario. En la última década, la investigación se ha centrado en un mensaje clave: parte de ese riesgo es modificable, y nuestras acciones diarias, como la actividad física, la alimentación y las relaciones sociales, pueden influir en cómo envejece nuestro cerebro.
La cocina casera juega un papel fundamental en este enfoque sobre el estilo de vida, ya que no solo afecta a lo que comemos, sino también a la actividad física y cognitiva que realizamos al planificar un menú, hacer la compra o seguir una receta. Cocinar más en casa se ha asociado con dietas más saludables, ricas en frutas y verduras, y con una mejor calidad alimentaria en general.
En un estudio publicado en la revista ‘Journal of Epidemiology & Community Health’, se encontró que cocinar en casa de forma regular puede reducir significativamente el riesgo de demencia en personas mayores. Los investigadores japoneses analizaron a más de 10.000 participantes de al menos 65 años durante 6 años y descubrieron que aquellos que cocinaban desde cero al menos una vez por semana tenían un riesgo hasta un 23% menor de desarrollar demencia.
Además, se observó que la frecuencia de cocinar en casa y el nivel de habilidades culinarias estaban relacionados con el riesgo de demencia. Incluso aquellos con pocas habilidades culinarias experimentaron una reducción del 67% en el riesgo de demencia al preparar una comida desde cero al menos una vez por semana.
Estos hallazgos resaltan la importancia de fomentar la cocina casera en las personas mayores como una estrategia para prevenir la demencia. Crear un entorno donde puedan cocinar sus propias comidas no solo promueve una alimentación saludable, sino que también estimula la actividad física y cognitiva, lo que puede contribuir a un envejecimiento más saludable y activo.
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