Basándose en datos genéticos de más de cinco millones de personas, un equipo internacional de investigadores ha creado una medida denominada puntuación de riesgo poligénico (PGS), la cual se relaciona de manera fiable con la obesidad en la edad adulta y muestra patrones consistentes e indicativos desde la primera infancia.
Según los investigadores, estos hallazgos podrían ser clave para identificar a niños y adolescentes con un mayor riesgo genético de desarrollar obesidad en etapas posteriores de la vida. Esto permitiría implementar estrategias preventivas específicas, como intervenciones en el estilo de vida, desde una edad temprana.
El estudio revela que la puntuación de riesgo poligénico resulta efectiva debido a la consistencia de las asociaciones entre la puntuación genética y el índice de masa corporal, desde la infancia hasta la edad adulta. Intervenir en este punto temprano podría tener un impacto significativo en la prevención de la obesidad.
Las variaciones genéticas sutiles en el genoma de las personas pueden tener un impacto real en la salud cuando actúan en conjunto. Se han identificado miles de variantes genéticas que aumentan el riesgo de obesidad, como aquellas que influyen en el apetito actuando en el cerebro. La PGS funciona como una calculadora que combina los efectos de estas variantes de riesgo para proporcionar una puntuación general. En este estudio, la PGS logró explicar casi una quinta parte (17%) de la variación del índice de masa corporal de una persona, una cifra significativamente mayor que en investigaciones anteriores.
Para la creación de estas puntuaciones de riesgo poligénico, los científicos se basaron en datos genéticos de más de cinco millones de individuos, constituyendo el conjunto de datos genéticos más grande y diverso hasta la fecha. Posteriormente, confirmaron que esta nueva PGS estaba asociada con la obesidad utilizando conjuntos de datos de más de 500.000 personas, incluyendo datos del IMC registrados a lo largo del tiempo en el estudio ‘Niños de los 90’. Los resultados mostraron que esta nueva PGS era dos veces más efectiva que los métodos previos para predecir el riesgo de desarrollar obesidad.
A pesar de la amplitud de la población estudiada, la nueva PGS presenta limitaciones, siendo más efectiva en predecir la obesidad en personas con ascendencia similar a la europea que en aquellas con ascendencia africana. Esto resalta la importancia de realizar investigaciones en grupos más representativos para obtener resultados más generalizables.
En conclusión, este estudio demuestra que la genética juega un papel fundamental en el desarrollo de la obesidad, pero no determina el destino de una persona. La identificación temprana de individuos con mayor riesgo genético de obesidad y la implementación de estrategias preventivas específicas podrían tener un impacto significativo en la lucha contra este importante problema de salud pública.
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