A medida que la vida avanza, nuestro cerebro puede mostrarnos pequeñas señales que, si las reconocemos a tiempo, podrían ayudarnos a cuidar mejor nuestra memoria y prevenir problemas futuros. No todos los síntomas que sentimos a diario son iguales: algunos parecen revelar información clave sobre la salud cerebral décadas antes de que surjan los primeros signos de deterioro.
Desde cambios en la forma de enfrentar los problemas hasta la percepción de uno mismo y la interacción con los demás, ciertas experiencias cotidianas podrían indicar vulnerabilidades futuras. Prestar atención a estos patrones y adoptar hábitos de prevención podría abrir nuevas oportunidades para mantener la mente activa y saludable durante más tiempo.
Investigadores han identificado un pequeño grupo de señales emocionales y cognitivas en la mediana edad que parecen adelantarse décadas a la aparición de la demencia, ofreciendo una ventana única para la prevención temprana.
NO TODOS LOS SÍNTOMAS PREDICEN LA DEMENCIA
Los seis síntomas asociados podrían relacionarse con la depresión, sin embargo la depresión en general no es el factor principal; lo que importa son ciertos síntomas que se pueden experimentar en la mediana edad, y que predicen el riesgo de demencia más de dos décadas después, según un nuevo estudio dirigido por investigadores del University College de Londres (UCL) de Reino Unido.
La depresión en la mediana edad se ha considerado durante mucho tiempo un factor de riesgo de demencia en etapas posteriores de la vida. Sin embargo, nuevos hallazgos sugieren que esta relación se debe a un pequeño conjunto de síntomas específicos, más que a la depresión en general.
Los seis síntomas clave en el riesgo
En los análisis transversales, los seis síntomas depresivos relacionados con la demencia se asociaron más fuertemente con la inactividad física y la pérdida auditiva, así como con un peor rendimiento de memoria y razonamiento. Los seis síntomas son:
– Perder la confianza en mí mismo.
– No ser capaz de afrontar los problemas.
– No sentir calidez y afecto por los demás.
– Sentirse nervioso y tenso todo el tiempo.
– No estar satisfecho con la forma en que se realizan las tareas.
– Dificultades para concentrarse.
En particular, la pérdida de confianza en uno mismo y la dificultad para afrontar los problemas se asociaron cada una con un aumento de aproximadamente el 50% en el riesgo de demencia.
Los investigadores señalan que síntomas como la pérdida de confianza en uno mismo, la dificultad para afrontar problemas y la falta de concentración pueden llevar a una menor participación social y a menos experiencias cognitivamente estimulantes, ambas importantes para mantener la reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para hacer frente a daños o enfermedades, lo que permite mantener un pensamiento y una función normales incluso cuando el cerebro se ve afectado físicamente.
Por otro lado, otros síntomas depresivos, como problemas de sueño, ideación suicida o bajo estado de ánimo, no mostraron una asociación significativa con la demencia a largo plazo.
En resumen, es importante reconocer que no todas las personas que tienen depresión desarrollarán demencia, y las personas con demencia no necesariamente desarrollarán depresión. El estudio de los síntomas en la mediana edad puede ofrecer pistas valiosas para la prevención temprana y el cuidado de la salud cerebral a largo plazo.
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