El impacto de la hipertensión arterial a nivel mundial es alarmante, según el informe presentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Bloomberg Philanthropies y Resolve to Save Lives durante la 80ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Desde 1990, el número de personas afectadas por esta condición se ha duplicado, lo que ha llevado a un aumento significativo en la mortalidad cardiovascular.
Según las estimaciones globales de 2021, más del 50% de las muertes por enfermedades cardiovasculares, incluyendo infartos, y cerca del 30% de las muertes por enfermedad renal, están relacionadas con la presión arterial alta. En términos económicos, entre 2011 y 2025, se estima que estas enfermedades han costado a los países de ingresos bajos y medios más de 3.000 millones de euros, lo que equivale a aproximadamente el 2% de su PIB combinado.
La hipertensión arterial es una de las principales causas de infartos, accidentes cerebrovasculares, enfermedad renal crónica y demencia. Cada hora, más de 1.000 personas mueren por accidentes cerebrovasculares e infartos causados por esta condición. La falta de control de la hipertensión se cobra más de 10 millones de vidas al año, según Kelly Henning, responsable del Programa de Salud Pública de Bloomberg Philanthropies.
A pesar de estos datos alarmantes, se destaca que la hipertensión es prevenible y tratable. Con voluntad política, inversión continua y reformas en los servicios de salud, se pueden evitar muchas de estas muertes prematuras. Sin embargo, si no se toman medidas urgentes, se proyecta que el número de personas con hipertensión seguirá aumentando, superando los 1.500 millones de afectados para el año 2030.
En países de bajos y medios ingresos, se identifican importantes barreras en la prevención, diagnóstico y tratamiento de la hipertensión. La falta de acceso a medicamentos y recursos limitados en los sistemas de salud son algunos de los desafíos señalados en el informe. A pesar de que existen medicamentos seguros y eficaces para controlar la presión arterial, muchas personas no pueden acceder a ellos, lo que destaca la necesidad de cerrar esa brecha para salvar vidas y reducir costos.
La OMS insta a todos los países a integrar el control de la hipertensión en sus sistemas de salud y a seguir las recomendaciones del informe para prevenir muertes prematuras y reducir el impacto social y económico de la hipertensión arterial no controlada. Es fundamental mejorar el acceso a los medicamentos, implementar mejores sistemas regulatorios y garantizar la disponibilidad de tratamientos para todos los afectados.
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