En una sociedad obsesionada con la imagen, el malestar con el propio cuerpo se ha convertido en una experiencia casi universal. El psicólogo Kike Esnaola, autor de ‘Habitando el malestar’ (Planeta), plantea una mirada incómoda pero necesaria: la presión estética no nace solo de la autoestima, sino de un entramado social que incluye redes sociales, cultura de la dieta y estigmas profundamente arraigados.
En este contexto, cuestionar nuestro cuerpo puede ser menos una elección personal y más una consecuencia de las reglas invisibles que dictan cómo debemos vernos. Esnaola destaca que el malestar corporal es habitual en la sociedad actual, favorecido por una estructura social de gordofobia y un estigma de peso. Este estigma varía según el sexo, siendo en hombres relacionado con la corpulencia y en mujeres con cuerpos delgados, reflejando la visión patriarcal de la belleza.
El experto describe el estigma de peso como actitudes de rechazo hacia las personas que se escapan de la norma estética, tanto cuerpos gordos como extradelgados, recibiendo un rechazo continuo. En cuanto a la gordofobia, se refiere a la violencia ejercida sobre personas con cuerpos gordos, estigmatizándolos por su apariencia y salud.
Sobre la cultura de la dieta, Esnaola señala que existe la creencia errónea de que todos tendríamos un cuerpo delgado si comemos adecuadamente y nos movemos lo suficiente, cuando la realidad es diferente. La industria de la estética mueve grandes sumas de dinero anualmente, perpetuando estos estándares.
En cuanto al papel de las redes sociales, el impacto es notable ya que consumimos gran parte de nuestro tiempo en ellas, construyendo expectativas a partir de los imaginarios que se muestran. Esto puede magnificar el malestar corporal al comparar nuestros cuerpos con los ideales mostrados en redes, aumentando la autoexigencia y llevando a conductas patológicas.
Es fundamental visibilizar la diversificación de los cuerpos y reducir el control que ejercemos en redes sociales para cambiar esta dinámica. Es necesario revisar nuestra relación con las redes y mostrar imágenes que no encajen con el ideal hegemónico de belleza, para reducir la presión estética a la que estamos sometidos en la sociedad actual.
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