El estudio, realizado en colaboración con la Universidad de Padua (Italia) y hospitales de referencia en Francia e Italia, analizó datos de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que abarcaban 26 países europeos y más de 53 millones de muertes.
Según los resultados publicados en ‘The Lancet Regional Health’, la muerte súbita representó casi el 5% de todas las muertes, con una tendencia al alza en la atribución de la mortalidad por esta causa de un 2,9% anual. Este aumento fue significativamente mayor en mujeres, a pesar de que la mayoría de las muertes súbitas ocurrieron en hombres, y se observaron diferencias geográficas, con mayores incrementos en el este y sur de Europa.
Los investigadores destacan que estos hallazgos evidencian que la muerte súbita continúa siendo una causa importante de mortalidad en Europa, con disparidades crecientes según el sexo y la región. Subrayan la importancia de fortalecer las estrategias de prevención primaria y secundaria para abordar las causas subyacentes de estas disparidades y seguir reduciendo la mortalidad por muerte súbita.
En cuanto a los países, se encontraron contrastes significativos en el análisis. Mientras Austria y Bélgica experimentaron las mayores reducciones anuales de mortalidad atribuida a muerte súbita (8% y 7,9% respectivamente), España y Alemania fueron donde más aumentó, con incrementos medios cercanos al 3,3% y 2,8% anuales respectivamente.
En el caso de España, se destaca que este incremento probablemente se debe a una interacción multifactorial, donde el envejecimiento poblacional juega un papel clave. La edad avanzada sigue siendo un factor de riesgo para la muerte súbita, directamente relacionado con la prevalencia de enfermedades cardiovasculares ateroscleróticas. Además, cambios en los estilos de vida, como el sedentarismo y el aumento de factores de riesgo cardiovascular en mujeres, pueden contribuir al aumento observado en este subgrupo.
El impacto de factores relacionados con la cadena de supervivencia, como la formación en reanimación cardiopulmonar y la disponibilidad de desfibriladores extrahospitalarios, también influyen en la evolución de la parada cardiaca.
En resumen, este estudio evidencia la importancia de abordar la muerte súbita como un problema creciente de salud pública en Europa, con la necesidad de desarrollar estrategias y políticas sanitarias globales para su prevención y tratamiento. Los datos recopilados de 26 países europeos subrayan la relevancia de seguir investigando y actuando en este ámbito para reducir la mortalidad por esta causa.
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